- La Historia Jamás Contada -
Ya en un artículo anterior -IRLANDA, POR EJEMPLO-, señalaba el
papel entorpecedor que suelen jugar los Partidos políticos “respetables” (¿?)
en cuanto a la discusión pública de ciertos temas que sus cúpulas consideran delicados,
como el que apenas el jueves pasado llevó a pronunciarse a dos -¿debo decir “santos”?-
prohombres del flamante Partido en el Poder, uno directamente pontificando que NO
debe discutirse, mientras que el otro… también, pero dando el rodeo -pues argumento
propiamente no lo es- de que hay cosas más importantes en qué ocupar el invaluable
tiempo de los legisladores. ¿Es así como conciben ellos, los cupulares, la
Democracia Representativa? En todo caso, ¿representativa de (los intereses
concretos de) quién?
Absorto en tales reflexiones, recordé una de mis primeras
lecturas especializadas de Teoría Política, allá a principios de los ’80: LOS LÍMITES
DE LA LEGITIMIDAD, de Alan Wolfe, en una de cuyas partes el autor explica y
documenta el papel que juegan los Partidos respecto a los individuos que los
constituyen, no otro que limar sus garras o dientes, como se diría ahora, de
modo que no comprometan el statu quo, del que finalmente aquéllos viven, sucediendo
lo mismo -continuaba- se trate de Derecha o Izquierda -que, incidentalmente, tampoco
puede afirmarse categóricamente sea el caso presente-.
Por eso es que, a pesar del dogma populista, que deposita
toda verdadera Sabiduría en un Pueblo abstracto, nunca está de más recurrir a la
disquisición teórica, por exquisita o “fifí” que pueda parecer al lego, buscando
validar -o lo contrario- la supuesta correspondencia entre un concepto y su
puesta en práctica en el mundo real: ¿cuál es el contenido concreto de la
variable “Pueblo” en este momento? (Como sucede con la frase aquélla de “The
People versus…” con la cual principian los procesos judiciales en los Estados Unidos,
que siempre he encontrado pretenciosa.)
Así como los periodistas investigadores que realizan a
conciencia -en los dos sentidos- su trabajo, no tienen por qué ir a pedir el
beneplácito del Supremo a su Palacio para darlo a conocer, los Representantes
no tienen por qué someterse a las mezquinas conveniencias coyunturales de sus
Coordinadores, cuando les consta que el tema es de -literalmente- vital importancia
para sus representadas sino, por el contrario, abordarlo y discutirlo
extensivamente en un ejercicio de Parlamento Abierto.
De otro modo, con su “Disciplina” -como se le llamaba en el
viejo PRI- o, en lenguaje llano, gazmoñería,
sólo estarán contribuyendo a exacerbar aún más una situación que hace mucho
debía haberse, si no controlado, cuando menos estabilizado, de modo que los
reaccionarios de siempre -más los que se han ido agregando estos días- no
puedan sacar ya ventaja de ella, como acaba de suceder en Nuevo León y no
sabemos en cuántos otros más Estados en el futuro próximo.
El tema de la interrupción legal del embarazo, aunque no les
guste a algunos -δημαγωγούς, se diría en griego- porque no tienen manera de
conciliarlo con sus propias objeciones de conciencia, sí que está en la AGENDA
PÚBLICA de nuestro País, siendo por ello lo más sano, políticamente hablando,
RECONOCERLO y actuar en consecuencia.
¿No lo creen ustedes así, amables lectores?
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.
Imagen: oleajeblog.wordpress.com