
“DESEMPOLVANDO EL IDIOMA”
Para muchos, escribir con normas ortográficas convencionales, resulta una acción que causa inconformidad, rebeldía, discusión y polémica; sobre todo para quienes son gustosos de romper con normas o reglas en distintos contextos, sin considerar que actuar desde una normatividad ortográfica, repercute en la calidad de la convivencia humana. La ortografía se transforma, evoluciona y revoluciona; va de la mano con las circunstancias del ser humano. Este es uno de los principios fundamentales de adaptación para el buen funcionamiento de la convivencia en distintas épocas, y evitar problemas de comunicación que lejos de aclarar, causan conflictos interpersonales que repercuten a nivel familiar y social. Pero, ¿qué es la ortografía? Se dice que es el conjunto de reglas y convenciones que rigen el sistema de escritura habitual establecido para una lengua estándar. Para adquirirla intervienen la memoria visual y motriz, la atención y la inteligencia. Lo cierto es que la ortografía muchas veces sufre maltratos por usuarios del idioma. Se está perdiendo cada día más. Escribir con una adecuada ortografía atrae, enamora, o todo lo contrario: -no me veo con alguien que quiera “aserme mui felis.
También identifica, provoca empatía. Hay que promover la ortografía. Es útil para la vida cuando se entiende la importancia de la comunicación y los efectos que produce al no llegar lo suficientemente clara al receptor; sobre todo cuando no se tiene la oportunidad de aclarar lo que se dice. Los grandes “horrores” ortográficos hacen dudar de la información que se transmite. Desde este punto de vista ¡es indispensable! ¿Qué sucedería si sólo un día nos comunicáramos todos los seres humanos de manera escrita, sin ortografía? Y más en una sociedad en la que el uso de las redes sociales se extiende significativamente por toda la población, ante un mundo globalizado. La ortografía se convierte también en una carta de presentación de aquellos que navegan y frecuentan estos espacios cibernéticos: -¡qué vello eres!, -¡gracias! Charles Duncombe, empresario de Internet, expresó: “con una falta de ortografía en una web, las ventas podrían llegar a descender hasta un 50%. Internet, un medio en el que el 99% de las ventas se hacen de forma escrita, hace que esta forma de comunicación sea crucial a la hora de determinar el éxito o no en las distintas actividades emprendidas”.
Vivimos en una sociedad en la que lo escrito trasciende en todo momento del ámbito privado al público: -quiero verde amor, -¿Verde?, -Verte, -Es el autocorrector, -Pues desactívalo. –Lla, ai mejor haci, se lo uviera kitado desde hantes. Lamentablemente el hábito de escribir con una ortografía estándar se debilita. ¿Es cuestión de actitud?, ¿es cuestión de moda, a pesar de considerarse “convencional?. Se debe estar atento a lo que la Real Academia de la Lengua Española actualiza. La investigadora Ana María Kaufman, en su libro “Alfabetización temprana”, dedica uno de sus capítulos a la ortografía; ella dice que: “hay que reflexionar sobre las normas ortográficas en el interior de situaciones de escritura”. Quienes han intentado escribir desde el estandarte de “ser revolucionarios”, han logrado confundir más, intentando hacer creer que la comunicación puede existir y lo que es peor aún, perdurar, sin la ortografía; hay quienes intentan lograr una identidad propia a base de errores de ortografía: -ola kmo stas? –Mejor que tu ortografía, créeme.
Si se lee una opinión bien escrita (sin faltas de ortografía) y otra mal escrita, se tiende normalmente a hacerle caso a la primera. Hay una frase que dice: “Dime cómo escribes y te diré quién eres”. Es decir, si escribes con una correcta ortografía ¿quién eres? Y si no ¿quién eres? Muchas personas le echan la culpa a medios electrónicos de su mala ortografía. Lo cierto es que una manera de evitar el error ortográfico es, en primer lugar, leyendo habitualmente (buenos) libros: -me escribió: “alludame por fabor”, y le regalé un libro. También emplear el diccionario: -si no sabes la diferencia entre ves y vez, es porque siempre ves televisión y rara vez abres un diccionario. ¿Ahora sí lo ves? O ¿lo repito otra vez? Así como desarrollar una conciencia ortográfica (deseo de escribir bien y hábito de auto corrección), para que el mensaje llegue a su interlocutor tal y como desea; sin confusión de significado.
En 1741, dos años después de la publicación del sexto y último tomo del “Diccionario de autoridades”, aparece ya la primera edición de la ortografía académica. Las novedades que ofrece son: entre otras, la etimología deja de ser el criterio decisivo, y comienzan a ser tenidos en cuenta la pronunciación y el uso. Por ello, “huevo no es güevo, bueno no es güeno, guerra no es güerra ni gerra, cigüeña no es ciguena. Halla no es haya, callo no es cayo, rollo no es royo, pollo no es poyo”. No te dejes vencer por esta enfermedad de transmisión textual.
María Eugenia Morales Carrera.
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