domingo, 12 de mayo de 2019

Otra reforma que no atiende la enseñanza




- La Historia Jamás Contada -

Acaba de aprobarse -si así puede llamarse una votación automática- una Reforma más que, para variar, tampoco va al punto medular de la Educación: el proceso de enseñanza mismo, ya que si éste no mejora objetivamente o incluso no tiene lugar, todo lo demás resulta superfluo.

Como todo en la vida, la enseñanza también puede ser considerada desde las más variadas perspectivas. En nuestro caso, una especialmente ilustrativa es la histórica, que puede explicarnos su lastimoso estado actual. El sistema educativo público “moderno” -esto es, post-revolucionario- fue creado en las peores condiciones posibles, justo después de una sangrienta guerra civil, sin los mínimos medios materiales y humanos necesarios para echarlo a andar correctamente y, menos aún, sentar las bases de su progresiva mejora, como ha sido la intención, cuando menos declarada, de las sucesivas reformas implementadas por los Gobiernos en turno. En otras palabras: está viciado de origen.

Todos quienes acudimos a Escuelas públicas, nos percatamos desde el primer momento de las inadecuadas condiciones materiales de los establecimientos, por regla general inmuebles que habían pasado por cuantos usos había podido dárseles a través de las épocas, desde conventos y hospitales, pasando por cuarteles, hasta vecindades, ninguno de ellos ni remotamente adecuado para propósitos educativos. Pero aun así, permanecían por tiempo indefinido, hasta que literalmente se caían de viejos, además de la falta de mantenimiento. Ni pensar siquiera en irlos actualizando de acuerdo a los avances tecnológicos en la materia. (Y estoy hablando de las ciudades: en el campo era peor.)

En correspondencia con el aspecto material, también el docente también dejaba mucho o casi todo que desear, pues se trataba de maestros improvisados, sin requisitos culturales previos y “capacitados” al vapor. Aunque en las Normales las cosas no eran muy diferentes, partiendo de su “todologismo” esencial: la creencia de que cualquier maestro puede enseñar de todo y a cualquier nivel, lo que resulta una afirmación absurda. Por eso el desencanto primero y, lo que es peor, el permanente desinterés posterior de la mayoría de los estudiantes por las materias que constituyen el contenido concreto de la enseñanza.

Viene a cuento una anécdota que viví en 1980 en el entonces Departamento de Música de la Universidad pública local, cuando un maestro visitante, posgraduado en el bloque socialista, nos decía que, a su juicio, el país con mejor cultura musical era Hungría, pues a todos los niños se les enseñaba formalmente Música, no para que fueran  músicos, sino porque ésta estimulaba su inteligencia. Para aquéllos había escuelas especiales, donde los exámenes más difíciles, paradójicamente, no eran para los solistas virtuosos, sino para los maestros de enseñanza elemental, pues se razonaba que si un concertista se equivocaba, no pasaría de recibir  una rechifla, mientras que si lo hacía un maestro… ¡cuántas generaciones de alumnos no echaría a perder!

El resultado concreto de estas  y otras muchas carencias, es que los maestros, en su inmensa mayoría, resultan tan sólo ser los diligentese adoctrinadores ¿inconscientes? del Estado, malgastando el precioso tiempo destinado a la Enseñanza en reforzar el chauvinismo y/o  la “ética” (¿?) oficiales, en lugar de impartir los conocimientos teóricos y prácticos que hagan de cada sucesiva generación una más preparada y con mejores expectativas y estándares de vida. De modo que en esta ocasión también parece haberse aplicado la conocida máxima de IL GATTOPARDO:

“Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi.”



Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

Imagen:  http://www.resumenlatinoamericano.org