- La Historia Jamás Contada -
Acaba de aprobarse -si así puede llamarse una votación
automática- una Reforma más que, para variar, tampoco va al punto medular de la
Educación: el proceso de enseñanza mismo, ya que si éste no mejora objetivamente
o incluso no tiene lugar, todo lo demás resulta superfluo.
Como todo en la vida, la enseñanza también puede ser
considerada desde las más variadas perspectivas. En nuestro caso, una especialmente
ilustrativa es la histórica, que puede explicarnos su lastimoso estado actual.
El sistema educativo público “moderno” -esto es, post-revolucionario- fue creado
en las peores condiciones posibles, justo después de una sangrienta guerra
civil, sin los mínimos medios materiales y humanos necesarios para echarlo a
andar correctamente y, menos aún, sentar las bases de su progresiva mejora, como
ha sido la intención, cuando menos declarada, de las sucesivas reformas implementadas
por los Gobiernos en turno. En otras palabras: está viciado de origen.
Todos quienes acudimos a Escuelas públicas, nos percatamos
desde el primer momento de las inadecuadas condiciones materiales de los
establecimientos, por regla general inmuebles que habían pasado por cuantos
usos había podido dárseles a través de las épocas, desde conventos y hospitales,
pasando por cuarteles, hasta vecindades, ninguno de ellos ni remotamente
adecuado para propósitos educativos. Pero aun así, permanecían por tiempo indefinido,
hasta que literalmente se caían de viejos, además de la falta de mantenimiento.
Ni pensar siquiera en irlos actualizando
de acuerdo a los avances tecnológicos en la materia. (Y estoy hablando de las
ciudades: en el campo era peor.)
En correspondencia con el aspecto material, también el
docente también dejaba mucho o casi todo que desear, pues se trataba de
maestros improvisados, sin requisitos culturales previos y “capacitados” al
vapor. Aunque en las Normales las cosas no eran muy diferentes, partiendo de su
“todologismo” esencial: la creencia de que cualquier maestro puede enseñar de
todo y a cualquier nivel, lo que resulta una afirmación absurda. Por
eso el desencanto primero y, lo que es peor, el permanente desinterés posterior de la
mayoría de los estudiantes por las materias que constituyen el contenido concreto
de la enseñanza.
Viene a cuento una anécdota que viví en 1980 en el entonces
Departamento de Música de la Universidad pública local, cuando un maestro
visitante, posgraduado en el bloque socialista, nos decía que, a su juicio, el
país con mejor cultura musical era Hungría, pues a todos los niños se les
enseñaba formalmente Música, no para que fueran músicos, sino porque ésta estimulaba su
inteligencia. Para aquéllos había escuelas especiales, donde los exámenes más
difíciles, paradójicamente, no eran para los solistas virtuosos, sino para los
maestros de enseñanza elemental, pues se razonaba que si un concertista se
equivocaba, no pasaría de recibir una rechifla, mientras que si lo hacía un maestro…
¡cuántas generaciones de alumnos no echaría a perder!
El resultado concreto de estas y otras muchas carencias, es que los maestros,
en su inmensa mayoría, resultan tan sólo ser los diligentese adoctrinadores ¿inconscientes? del Estado, malgastando el precioso tiempo destinado a la Enseñanza en reforzar
el chauvinismo y/o la “ética” (¿?) oficiales, en lugar de impartir los conocimientos teóricos y prácticos que hagan
de cada sucesiva generación una más preparada y con mejores expectativas y estándares de
vida. De modo que en esta ocasión también parece haberse aplicado la conocida máxima de IL GATTOPARDO:
“Se
vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi.”
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey)
es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.
Imagen: http://www.resumenlatinoamericano.org
