El soplo de Euterpe
Encenderé la noche
con la gota de obscuridad
que mis manos usan…
R Garduño
El siglo XIX se ha llenado de tiempos. Se ha llenado de
acontecimientos que edifican la historia. Las guerras napoleónicas y el crecimiento del
Imperio Austrohúngaro ha repercutido en América, Europa, norte de África, islas
del Pacífico o del Caribe. Los imperios europeos crecen en la India o intentos
en América. México tiene su emperador, Egipto cae bajo el dominio francés y
poco tiempo después bajo el dominio inglés.
Los holandeses y portugueses aun
mantienen intereses en las Molucas, Angola, Sudáfrica, siglo de expansión
europea alrededor del mundo. Sin embargo, al mismo tiempo se produjeron acontecimientos
notables que cambiarán para siempre el transcurrir de la historia.
Alemania e Italia se consolidan como naciones; España es
invadida por Francia, se produce la Revolución de 1848, Prusia invade Francia
al punto que se desarrolla el heroico momento de la Comuna de Paris. La
revolución industrial y el nacimiento de la máquina de vapor será la base de un
nuevo orden social. Se inventa la fotografía y con ella cambiará las
herramientas para registrar el obscuro pasado. Cambiarán vertiginosamente las
maneras de vivir y ver el mundo.
Al cruzar el equinoccio del siglo XIX, la pintura era un
venerable arte de taller y academia. Se daba por sentado la versión figurativa
de la naturaleza. Al perfeccionarse la fotografía con olor a gelatinas y
fijadores, pronto comenzó a corroer los fundamentos tan firmes de la pintura.
Por aquellos años, algunos pintores construyeron claves de forma y color
radicalmente diferentes a la concepción del espacio y temas anteriores.
Aparecieron van Gogh, Manet, Monet, Degas, Cézanne. Al principio fueron objeto
de burlas y rechiflas interminables, pero había nacido el Impresionismo y la
nueva pintura acabó por llegar a buen puerto y permanecer como un movimiento de
ruptura. El color y la forma ya no serían nunca más las formas que poblaron
museos, colecciones y el gusto general.
La música también levantaba la pesada ancla que había
lanzado Beethoven. Todo lo que era
posible expresar musicalmente en una sinfonía, Beethoven ya lo había integrado
a su impresionante obra.
Esta circunstancia
provocó la búsqueda de nuevas formas expresivas y una confrontación duradera
entre los conservadores de la forma clásica -diríamos beethoviana- y los
innovadores.
Una primera respuesta que urgaba entre las notas
musicales clásicas, dio origen a la música descriptiva, la cual tenía por
objeto contar historias. Los contenidos musicales eran subsidiarios de
acontecimientos que el compositor tomaba como punto de partida y,
representarlos desde el punto de vista musical.
Un primer intento es la Sinfonía Fantástica de Héctor Berlioz, en la cual se intenta dar
cuenta de las andanzas amorosas de un joven y su experiencia con el uso de
drogas, en aquel entonces poco conocidas y aun usadas libremente en medicina.
No obstante aquella obra de Berlioz poco comprendida aun
hoy, los intentos de compositores por describir pequeños momentos, algunos
comunes a todos, condujo a Richard Strauss afirmar que podía expresar
musicalmente el sonido de la cerveza al verterse en un vaso, incluso de que
clase de cerveza se trataba.
Los caminos del arte se bifurcan. Los rencores nacionales
florecen y el arte vuelve la mirada a sus nacionalidades. El folklore y las
temas musicales rituales y tradicionales son convertidos en temas orquestales.
Entre los más destacados compositores que adoptan temas de la patria está
Bredrich Smetana, que a través de su magna obra Mi Patria, trata de describir ríos, paisajes, atmósferas de su
natal patria checa. Edvard Grieg compone la suite Per Gynt, Debussy compondría una notable obra La Mer, y en Rusia Modesto Mussorgsky componía Cuadros de una Exposición; con ello lograba una interacción
inspiradora entre pintura y música.
El siglo XIX parecía tener prisa por irse. Atrás quedaban
las cenizas de la historia. Un nuevo escenario se abría a la realidad.
Nietzsche moría en 1900, Freud descubría la intrincada naturaleza humana, Einstein
proponía la Teoría especial de la Relatividad en 1905, Planck, rompía la
continuidad del mundo al postular que la energía se convertía en pequeños
paquetes a los que denominó quantos. Rutherford descubría la estructura atómica
y María y Pierre Curie explicaban la
radiactividad al tiempo de descubrían nuevos elementos químicos, La ópera
perdía a uno de sus más grandes exponentes: Verdi se despedía del mundo en
1905. En 1903 los hermanos Wright emprenden el vuelo y el espacio deja de ser una barrera para los
sueños y posibilidades humanas. Todo cambia con asombrosa velocidad, las
premuras de una revolución del pensamiento alcanzó la música. Mahler llevó la
sinfonía a sus más sobrecogedoras estructuras e incorporó diversas expresiones
armónicas en sus obras, con ello dotarlas riqueza musical que expresaba la música pura.
Debussy se asomaba a un panorama más rico y disolvía las
ya rancias formas musicales que alcanzaron en la música para piano, notables
expresiones con el mismo Beethoven y Lizt para culminar con Chopin. Aparentemente no quedaba mucho por explorar.
La música de fin del siglo XIX aun descansaba en las formas armónicas clásicas
y románticas. No obstante, Debussy buscó innovaciones con combinaciones
novedosas de acordes y escalas, que resultaron asombrosamente novedosas;
sorprendieron al público acostumbrado a la armonía heredada de los grandes
compositores anteriores. Quizá el más completo y extraordinario compositor de
final de siglo fue Erik Satie, cuya disímbola y bella música dejó perplejos a
sus contemporáneos. Las Gimnopedies y
las Gnossienes, nombres dadaístas,
constituyen una obra única con aires de misterio y belleza extraordinaria.
El austriaco Arnold Schoenberg quizá fuese el más notable
innovador del lenguaje musical en el puente entre dos siglos. Schoenberg pensó
que el romanticismo había agotado todos los sonidos armónicos, por tanto, era
tiempo de hacer música con los menos armónicos posible. Esto significaba la liberación de la disonancia,
de manera que dejaban de ser simples recursos de la armonía tradicional y
convertirse en sonidos autónomos. Surguó la música dodecafónica con una refla
simple: en una sucesión de notas, cada una de las doce notas debe sonar una
vez. Esto constituye una serie musical y el resto de la composición debe construirse
a partir de ella. La teoría de Schoenberg pronto influyó en otros compositores
que iluminaron el espinoso camino de la nueva música. Las ideas dodecafónicas impactaron incluso la
literatura. Thomas Mann partió de estas ideas para dotar de voz a Adrian
Leverkuhn, protagonista de la compleja novela Doktor Faustus.
La música al comenzar el siglo XX, había adquirido una
nueva lengua, nueva gramática para expresarse. Surgieron muchos compositores de
grandes alcances: Carlos Chávez en México, Bela Bartok en Hungría, Alban Berg,
Darius Milhaud, Igor Stravinsky, Sergei Rachmaminov, poco después Edgar Varese,
Iannis Xenakis, Giacinto Scelsi y otros más. La música flotaba en un nuevo aire
liberado y puro.
Para la semana:
I.-Bela Bartok. Stringquartet No. 4
Hungarian String Quartet.
II.-Leos Janacëk. String Quartet No. 2.
Janacëk Quartet
III.-Alban Berg. Lulu Suite
IV.-Arnold Schoenberg. Suite in Alten Stile.
XX Century Classics Ensamble.
V.-Erik Satie. Gymnopedies y Gnossienes.
VI.- (Imperdible) Vaughan Williams. The lark ascending.
London Philarmonic Orchestra. David Nolan, Violín.
VII.-Sergei Rachmaninov. La isla de los muertos. Poema Sinfónico
Royal Stockolm Philarmonic Orchestra. Andrew dabis, director.

Alejandro Rivera Domínguez, miembro del Seminario de Cultura Mexicana y la Asociación de Estudios del Pleistoceno.
Correspondencia: kosmospuebla@yahoo.com
