lunes, 15 de enero de 2018

El efecto Pigmalión o profecía autocumplida


Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en lo cierto.
Henry Ford

Todos conocemos el cuento de Pinocho, la historia de una marioneta de madera que cobra vida gracias al fuerte deseo de un hijo que tenía Gepetto, el carpintero que la talló. Pero no es la única historia en la que la fuerte creencia en algo hace que ese algo se vuelva realidad.


Ovidio en su obra “Las metamorfosis” recreó el mito de Pigmalión, antiguo rey de Chipre y hábil escultor. En el libro narra que al rey no le gustaban las mujeres porque las consideraba imperfectas, por lo cual no quería casarse con nadie. Con el paso del tiempo, el rey se sintió solo y comenzó a esculpir una estatua de marfil con la figura de una mujer muy bella y de rasgos perfectos, nombrándola Galatea (“blanca como la leche”), Ya concluida la obra, Pigmalión de tanto admirarla se enamoró de ella. En una de las celebraciones en honor a la diosa del amor, Afrodita, el artista le suplicó que diera vida a su venerada estatua. Al volver a casa, contempló la estatua durante horas. 

Después de mucho tiempo, el artista se levantó, y besó a la estatua. Pigmalión ya no sintió los helados
labios de marfil, sino que sintió una suave y cálida piel en sus labios. Volvió a besarla, y la estatua cobró vida, enamorándose ella perdidamente de su creador. Venus terminó de complacer a Pigmalión concediéndole a su amada el don de la fertilidad, procreando una hija llamada Pafo.

Como se puede observar en esta leyenda, el Efecto Pigmalión, es “el proceso por el cual las creencias y expectativas de una persona respecto a otro individuo afectan de tal manera su conducta que el segundo tiende a confirmarlas”. En el terreno de la psicología, la economía, la medicina o la sociología, diversos investigadores han llevado a cabo experimentos sobre la existencia y potencia del Efecto Pigmalión.

Quizás uno de los más conocidos es el que llevaron a cabo en el año 1968 Robert Rosenthal y Lenore Jacobson con el título “Pigmalión en el aula”. Este estudio consistió en informar a un grupo de profesores que a sus alumnos se les había administrado un test que evaluaba sus capacidades intelectuales y cuáles eran los alumnos que obtuvieron los mejores resultados. Se les dijo también que era de esperar que estos alumnos destacados en el test de capacidades serían los que mejor rendimiento tendrían a lo largo del curso académico. 

Al finalizar el curso, se confirmó que el rendimiento de estos “muchachos especiales” fue mucho mayor que el resto. Lo interesante de este caso es que en realidad jamás se realizó tal test al inicio de curso. Y los supuestos alumnos brillantes fueron un 20% de chicos elegidos completamente al azar, sin tener para nada en cuenta sus capacidades.

¿Qué ocurrió entonces? Muy simple, a partir de las observaciones en todo el proceso de Rosenthal y Jacobson, se constató que los maestros se crearon alta expectativa de esos alumnos que actuaron a favor del cumplimiento de tal posibilidad. De alguna manera, los maestros convirtieron sus percepciones sobre cada alumno en una didáctica individualizada que los llevó a confirmar lo que habían dicho que sucedería. En el experimento se corrobora que la perspectiva de un suceso tiende a facilitar su cumplimiento.

¿De qué manera pueden verse alterados nuestros comportamientos a partir de las creencias que los demás tienen sobre uno? El efecto Pigmalión tiene una explicación científica: hoy sabemos que cuando alguien confía en nosotros y nos contagia esa confianza nuestro sistema límbico acelera la velocidad de nuestro pensamiento, incrementar nuestra lucidez, nuestra energía y en consecuencia nuestra atención, eficacia y eficiencia.

El efecto Pigmalión o de la profecía autocumplida, implica tener una creencia sobre alguien y por el solo hecho de tener esa creencia, acaba sucediendo justamente eso que se cree. No es cuestión de magia o milagro, más bien se debe al poder que tienen las expectativas respecto a los demás.

Es por esto, amable lector, que debemos ser muy cuidadosos con las palabras y las acciones que utilizamos y con las proyecciones que hacemos de una persona ya que eso los pueden empoderar o de otra forma limitar, así mismo, cuando alguien nos lance un mensaje negativo, éste se puede neutralizar pensando que “esa es solo su opinión”, de esta manera se evitará que condicione nuestro comportamiento y pueda ser susceptible de afectarnos.

Jorge Rodriguez y Morgado 2Twitter @jarymorgado
jarymorgado@yahoo.com.mx
conoSERbien; www.sabersinfin.com