Como estamos a punto de celebrar el Centenario de nuestra Revolución, tan llevada y traída en estos días, mi aportación tiene que ver con Zapata y una revisión somera de su cinematografía, el texto apareció publicado tal cual en El Perfil de la Jornada de Oriente el miércoles 13 de abril de 1994, las únicas correcciones que hago aparecen entre paréntesis y negritas.
La Revolución Mexicana, motivo de tantos estudios, lo ha sido también de varias películas, muchas personas identifican, más a los héroes nacionales por lo visto en el cine que por lo aprendido en los libros. Zapata no es la excepción aunque pareciera que es Villa quien atrae más a los directores y artistas.
En los años posteriores al movimiento armado, Zapata, ahora héroe nacional, fue ignorado por los políticos y los cineastas, tal vez su color moreno y su extracción humilde, su lucha de guerrillas, ese andarse escondiendo, carecían del atractivo necesario para convertirlo en superstar, cualidad que sí le encontraron a Pancho Villa, quien recibe el dudoso honor de servir para la realización de por lo menos cinco películas en el periodo que va de 1929 a 1942.
Mientras se hacen Revolución, El Tesoro de Pancho Villa, Vámonos con Pancho Villa, Con los Dorados de Villa y El Hijo de Pancho Villa, los ideales, la lucha, los calzonudos de “Miliano” permanecen en la memoria popular, tal vez se piense que este bandolero todavía pueda hacer que la conciencia de la gente sea removida, que se pregunte a dónde quedó su lucha.
Antes de morir, Zapata fue objeto de una revista musical llamada El Terrible Zapata, cuando él mismo quiso verla y se presentó en le teatro hubo una “desbandada general de actores y público”. Ignoro si la función de ese día se llevó a cabo o hubo de suspenderse a causa de la precipitada huida, de lo que sí estoy de seguro es de que pasó mucho tiempo antes de que el General haya sido representado por otro artista. En febrero de 1932, en el teatro Hidalgo de la ciudad de México se presentó Emiliano Zapata de Mauricio Magdaleno.
En 1952, Elia Kazan hace Viva Zapata con un guión de John Steinbeck y que según Womack, aunque “deforma algunos acontecimientos y algunos personajes, a veces burdamente, el retrato de los campesinos y de la naturaleza de sus relaciones y su movimiento… es sutil, vigoroso y veraz”.
¡Viva María!, de 1966, comentada también por Womack, dice que carece de “valor histórico y es una parodia mal informada”, su importancia se basa en los ambientes que recrea, un poco más objetivos que la realidad que trata de describir.
En 1970, Felipe Cazals dirige a Antonio Aguilar en Emiliano Zapata, cinta que nunca logra concretizar la imagen del revolucionario guerrerense, pero que con el apoyo y bendición de Díaz Ordaz, para entonces presidente, se convirtió en la cuasi oficial biografía cinematográfica del caudillo.
Agenciado por el Gobierno, el mismo que lo llamó bandolero, ese que en su momento fue perseguido por otros héroes nacionales, Zapata intenta ser desprendido de sus raíces, de su gente, para convertirse en una imagen a venerar, por suerte la filmografía de este personaje es escasa, y digo por suerte porque eso evita una mayor deformación del personaje y sus ideales, y digo por suerte por que creo que la memoria popular, aunque con el tiempo crea más leyendas que historia, permite que la imagen se mantenga ligeramente más limpia, más apegada a una realidad que a ninguno de nosotros nos tocó vivir.
De cualquier manera el cine de la Revolución, es presentado, de cuerdo con Monsivais, de manera apolítica, acrítica y fraccionada para evitar la síntesis de un hecho ya de por sí difícil de concretizar en una sola visión, pues la “tarea única de los héroes (es) vitorear a las instituciones del presente”. Desconozco si existen más cintas sobre la vida del General, sí hay aquellas donde aparece veladamente y descontextualizado, viene a mi memoria Gringo Viejo por ejemplo, y también recuerdo una cinta actuada por Pedro Armendáriz Jr. De los años setentas (basada en una novela de Paco Ignacio Taibo II, Cosa Fácil), en el que personifica a un detective (Héctor Belascoarán Shayne) al que se le encomiendan varios casos, por demás triviales, y uno de ellos es la búsqueda del general Emiliano Zapata, pues un grupo de campesino lo cree vivo; él sigue la pista de una persona que trabajó en varios lugares, a veces como cargador, a veces como comerciante, hasta que localiza a un anciano artrítico abandonado en un jacal obscuro y al que apenas se le distinguen las facciones. Cuando se entrevista con el viejo, éste insinúa ser la persona que anda buscando pero insistiendo en que el general está muerto, y que como está la situación es mejor dejarlo así.
Estaría de acuerdo con este final, el de la película y el del General; como sea es mejor dejarlo muerto, porque si reviviera muchos caerían bajo sus balas, algunos políticos primero, le seguirían dos o tres historiadores, y a lo mejor uno que otro actor, director de cine o realizador de televisión para evitar más desfiguros. De cualquier manera, la verdad sobrevivirá al drama y al dinero.
*Jorge Alberto Durán Ramírez es profesor de Educación Física, licenciado en Historia, aprendiz de artista. Le gusta la música folklórica latinoamericana, que interpretó hasta antes de casarse; gusta de escribir cuento y teatro, actividad que inició después de casarse. Creyente fervoroso de que el amor es el motor del mundo, lo practica antes y después de casarse, la mayoría de sus escritos versan sobre el mismo tema: El amor
