- La Historia Jamás Contada -
Suele pensarse en las revoluciones de manera épica, esto es,
como grandes conmociones sociales que cambian violenta y drásticamente la forma
de vivir de poblaciones enteras y sin que medien los deseos o expectativas de
los individuos que, de pronto, se ven arrastrados por el ímpetu de acontecimientos
que ciertamente no desencadenaron.
Esta visión, así de fatalista –trágica- como suena, ha sido
adoptada por casi todas las filosofías de la Historia, incluyendo la que se tiene
a sí misma como la más “científica”, esto es, la marxista. (¿Recuerdan aquella
frase de “las revoluciones son las locomotoras de la Historia”, que aparece en LA LUCHA DE
CLASES EN FRANCIA DE 1848 A 1850?)
Pero no siempre es el caso y, de hecho, en la
Historia abundan ejemplos de otros tipos de revoluciones más amigables con el
individuo y su subjetividad, esto es, más líricas. (Me percataba en el párrafo
anterior del paralelismo que existe entre los tipos de Revolución y los géneros
puros del arte que me explicara hace unos 35 años un gran amigo artista, Sergio
Olimán, y que son el lírico, el dramático, el cómico y el trágico. Debe haber por
ahí también ejemplos de una revolución cómica, ¿por qué no?)
A la que me refiero aquí, que sin duda cambió
radicalmente la VIDA COTIDIANA de la gente, viene a colación porque podría
estar en riesgo ahora mismo al ir ganando nuevamente popularidad –vía propaganda
oficial- la antigua concepción autoritaria en los llamados regímenes “de Izquierda”
latinoamericanos, que convierte en “héroe” a cualquier hijo de la… madrugada
que arremeta contra los que considere traidores, conservadores o, simplemente, con
metas y derroteros en la vida ajenos a los de la supuesta Epopeya nacional que
predica su respectivo Gobierno.
¿Pero en qué consistió esta REVOLUCIÓN DE LOS ESTILOS ALTERNATIVOS DE VIDA? Simplemente en que cada individuo fue
acondicionando su propia vida diaria de la manera que encontraba más cómoda, conveniente,
atractiva, estimulante o relajada, etc., sin tener que someterse a los dictados
de una Autoridad política o moral, una Mayoría social, una Revelación divina o
cosa por el estilo. Esto, que ahora nos parece lo más lógico y natural, hasta
los años ’50 del siglo pasado, era... INCONCEBIBLE. Por ejemplo, todos los varones
adultos debían usar sombrero. Y ahí estaban los Manuales de Urbanidad y Buenas
Maneras para recordárselos.
La especialidad académica que estudia este
tipo de revoluciones es la HISTORIA CULTURAL, básicamente una Historia lírica,
a diferencia de la Historia épica, que nos cuenta o canta las hazañas de los
héroes y de cómo llegar a ser uno de ellos, aunque sea por sus peores
características, que siempre ha seducido a quienes no han podido hallarse a sí
mismos y prefieren ser la caricatura de uno anterior antes que no ser NADA,
como seguramente podrán deducir ustedes de muchos de los próceres de todos los
tiempos…
Y DEL ACTUAL TAMBIÉN, POR CIERTO.
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