El soplo de Euterpe
Über sternen muss er whonen
Ahnest du den Schopfer , Welt?
Such ihn übern Sternenzelt
Über Sternen muss er wohnen
Schiller
“Escuchamos la Novena
Sinfonía en re menor Opus 125 de Ludwig van Beethoven con la orquesta Sinfónica
de Viena, bajo la dirección de beethoven… Esta es X E L A Buena Música
en México…” La estática parecía formar parte de la
música, chirridos y desvanecimientos de las ondas electromagnéticas eran la
gran cortina detrás de la cual se abría un escenario prodigioso: la música de
los grandes maestros y su búsqueda interminable de la naturaleza del mundo a
través del sonido, a través del indefinible arte de la música.
La tarde
avanzaba dejando la luz entre las nubes; impresionado, absorto, intensamente
conmovido, con los ojos arrasados de lágrimas, apenas escuchaba la voz precisa con tintes de tenor del locutor
que anunciaba así el final de una de las obras más importantes y profundas
producidas por la especie humana. Entonces
la luz distante de las estrellas, parecía presagiar un mundo mejor, una
naturaleza humana con conciencia cósmica y universal. La noche era el escenario
de aquello que se busca sin cesar, el significado de la abstracción de ser
felices.
Comparto con mis posibles lectores ésta lejana
experiencia cuando la única oportunidad de escuchar a Beethoven, Mozart o Bach
era a través de la radio de amplitud modulada.
Muchos, quizá, recuerden aquellos felices días con estática, verdaderos
retos para el oído, y sueños para el futuro.
Desde entonces la experiencia indecible de la música ha
formado mi esperanza y fe en la obra humana, y Beethoven ha sido el gran
maestro que ha conducido muchas experiencias profundas con su arte imponente,
único y revolucionario.
Beethoven, su solo nombre estremece, sacude. Tempestad,
paz, dulzura profundidad, revolución. Su obra integra los mejor de dos mundos:
los grandes maestros clásicos Hayden y Mozart, el otro abrir las puertas a un
mundo inexplorado, nuevo que cambió el
rumbo de la música occidental.
Beethoven cumplía diez y nueve años cuando comenzó la
Revolución Francesa y cambió para siempre el escenario político de Europa. Las
viejas ideas sucumbieron pronto ante el empuje de los ardores de cambio que
tendía a relevar la personalidad humana, antes sometida a la voluntad de un
hombre monarca, por la proclama de espíritus libres.
Las nuevas voces empujaban las mentes más brillantes y
apasionadas que renovaron los eternos problemas del destino social humano. El resultado efectivo fue un mayor espíritu de
búsqueda en los dominios del arte y el pensamiento. Los músicos se creyeron en
el deber de acciones superiores cobijados por aires nuevos, y se convirtieron
en los profetas cuyo grimorio partía de creer que la música puede y debe
aspirar a impulsar los humano en toda la diversidad de sus visiones y movidos
por sus pasiones.
Bajo el dosel que cobijaba el grito de igualdad,
fraternidad y libertad de la revolución francesa, la obra de Beethoven retoma
la estafeta y desarrolla una nueva manera de escuchar la música. Esta, basa en las posibilidades del piano. En él la
obra de Beethoven hunde sus raíces y logra el fruto musical perfecto, los
tiempos del clavecín tan importante en la obra de Bach quedaba atrás. El piano es un instrumento notable, era el más
novedoso y atractivo para intérpretes y compositores. En tiempos de Beethoven
se le añadió la sexta octava y con la ampliación se logró tener una pequeña
orquesta completa capaz de inspirar las más complejas composiciones. Beethoven
llevó el instrumento a su máxima capacidad interpretativa, sus treinta y dos
sonatas para piano son prueba de ello, la música de cámara o las diez sonatas
para violín y piano. Especialmente la Sonata
a Kreutzer, Opus 47 en la cual flota el espíritu de Tolstoi.
Gran parte de la
obra de Beethoven fue compuesta bajo una trágica circunstancia, desde los
veintinueve años comenzó una progresiva sordera. Es necesario reflexionar un momento e
imaginar el esfuerzo sobrecogedor que debió echar mano para no dejarse vencer.
Sin duda es el caso más sobresaliente de voluntad y reto de un hombre contra
todas las adversidades imaginables. Beethoven salió avante de todas las
circunstancias y legó a la humanidad un sentido claro y universal del arte
musical.
Al escuchar una de sus obras finales, la Sinfonía Nueve,
se produce una experiencia, una especie de carga eléctrica, que nos conduce al límite humano.
Desde el primer compás algo no definido, indecible se
apodera de nuestra mente, en mi experiencia personal el texto de la Creación
del Rig Veda viene en mi auxilio y
quizá exprese la experiencia sobrecogedora de la Novena Sinfonía.
“Entonces no había existencia o inexistencia.
No existía la región luminosa, ni el espacio que se encuentra más allá.
¿Qué había? ¿Dónde? ¿Bajo qué designio?
¿Qué sustancia estaba allá, —profunda e insondable?
No existía la muerte ni la inmortalidad.
No había distinción entre la noche y el día.
Aquello respiraba sin aire, por sí mismo.
No había otra cosa más allá.
En el comienzo había oscuridad oculta en la oscuridad.
Todo era sustancia sin distinción.
Aquello, que estaba cubierto de vaciedad, surgía a través del calor generado por si mismo.
En el principio, el deseo, la primera semilla de la mente, surgía en Aquello.
Los sabios, investigando en su corazón con sabiduría, hallaron las ataduras de la existencia en la inexistencia…”
No había otra cosa más allá.
En el comienzo había oscuridad oculta en la oscuridad.
Todo era sustancia sin distinción.
Aquello, que estaba cubierto de vaciedad, surgía a través del calor generado por si mismo.
En el principio, el deseo, la primera semilla de la mente, surgía en Aquello.
Los sabios, investigando en su corazón con sabiduría, hallaron las ataduras de la existencia en la inexistencia…”
La Novena Sinfonía es una asombrosa obra, declarada
por la UNESCO Memoria de la
Humanidad, es el Himno de la Unión
Europea. El coral final de Beethoven llega para sembrar las posibilidades
humanas. .
Escuchar
con atención y pasión:
Las
sonatas para piano. Diez sonatas para violín y piano. Coro de los prisioneros,
de Fidelio. Las nueve sinfonías y los
cuartetos Rasumovsky. Estas recomendaciones sólo para comenzar a conocer
la imprescindible obra de Beethoven.

Alejandro Rivera Domínguez, miembro del Seminario de Cultura Mexicana y la Asociación de Estudios del Pleistoceno.
Correspondencia: kosmospuebla@yahoo.com
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Debe residir por encima de las estrellas
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