lunes, 2 de octubre de 2017

Odontología en la Alta Edad Media: Mundo Bizantino


La caída del imperio romano de occidente ocurrió en el 476 d.C. después de repetidas incursiones de las tribus bárbaras del norte. Sin embargo la sociedad de Roma se había ido degenerando continuamente durante varios siglos, en la cual se explican varias razones de este fenómeno: el excesivo número de esclavos del imperio, , cuyo sustento acabo por hacerse económicamente imposible; el auge de la cristiandad, que debilito el poder del estado negando la divinidad del emperador; y la necesidad de dedicar una parte desproporcionada de la riqueza nacional del ejército, debido a las continuas depredaciones de los germanos y otras tribus en las zonas fronterizas del imperio.

El emperador Diocleciano, en el año 285 d.C. dividió el imperio en regiones occidentales y orientales. La ciudad más grande del este era la antigua metrópoli de Bizancio, y en 330 Constantino el grande le puso el nombre de Constantinopla e hizo de ella la capital oficial del imperio de oriente. Como tal permaneció más de mil años, hasta ser conquistada por los turcos otomanos en 1453. Durante la época bizantina no se realizaron avances en lo que se refiere al pensamiento médico o científico. Bizancio se limitó a vivir del pasado, lo única contribución del imperio romano de oriente fue la preservación del lenguaje, cultura y textos literarios del anterior mundo griego y romano. La principal actividad de los médicos romanos era la recolección de conocimientos en la que destacaron cuatro individuos.
Oribasto, médico del emperador Juliano el Apostata, fue autor de un gran compendio de setenta volúmenes titulado “Collectiones Medicae”. Y trata sobre la transcripción de los trabajos de Galeno, y las referencias a la odontología que contiene son las mismas del antiguo maestro. Unos 200 años más tarde, el enciclopedista medico más importante fue Ecio de Amida, médico del emperador Justiniano I, dejo una compilación voluminosa llamada “Tetrabiblion” que contenía descripciones detalladas de las enfermedades y el tratamiento de la boca y los dientes. Alejandro de Tralles fue el único compilador bizantino que demostró cierta originalidad, fue autor de doce libros de medicina, reflejo, como sus predecesores el miedo por el uso de los fórceps para la extracción de muelas, aconsejando a los practicantes que aflojasen las piezas afectadas, hasta que se pudieran sacar con los dedos, aplicando en los bordes de la encía una mezcla de aceites de rosa, pulpa de manzana silvestre, azufre, pimienta y otras sustancias más para poder inflamar la encía y debilitar la estabilidad del diente.
El último de los eclécticos griegos que escribió sobre odontología fue Pablo de Egina, y en lo que respecta, poco nuevo añadió sobre el tema. Sin embargo, fue capaz de resumir el conocimiento medico de los antiguos dando (en su Epitome, de siete libros) una imagen fiel de la situación de la cirugía oral de su tiempo. En un capítulo sobre afecciones de la boca, hace una clara distinción entre un párulis inflamatorio y un épulis tumoroso y describe el método a atajar estos dos tipos de excresencias, su coherente descripción formo la base para el entendimiento de estas afecciones hasta tiempo recientes. También hablo de la dentición y de las extracciones a detalle, explico el uso de una lima para rebajar la altura de un diente que sobresaliera de los demás, el primero en hablar sobre rascar los dientes para quitar las concresiones de sarro.

Bibliografia:
La Alta Edad Media: Mundo Bizantino, pagina 54, Historia de la Odontología Ilustrada, Malvin E. Ring, Mosby/Doyma libros.