domingo, 10 de noviembre de 2019

Aprender a emprender



- La Historia Jamás Contada -

Una constante en nuestros países “subdesarrollados”, es la falta de costumbre de emprender cosas, siempre a la espera de que alguien más lo haga y luego simplemente recoger los frutos de su iniciativa, lo que sucede tanto a escala individual como colectiva, de modo que, cuando por excepción, algunos la tenemos, la probabilidad de aplicarla en algún proyecto concreto es prácticamente nula, pues sólo por alguna afortunada casualidad –serendipia, se le llama- encontraremos con quienes asociarnos para llevarlo a cabo.

Me ha sucedido ya demasiadas veces, incluso con amigos y posibles socios muy talentosos, pero incapaces de tomarse lo suficientemente en serio como para continuar el proyecto acordado y que, en el momento decisivo, recurren a las más inverosímiles excusas con tal de zafarse del compromiso.

Al principio pensaba que se debía a un posible “defecto de personalidad”, pero con el tiempo he llegado a considerarlo más un “efecto de campo”, es decir, una situación en que el sujeto no se siente cómodo por estar fuera de la norma (virtual) del grupo. (Recuerdo a un gran amigo de la adolescencia que consideraba mi dedicación al piano como algo neurótico, pues para él la música era tan sólo para "pasarla con los cuates": un efecto del nivel cultural de su medio. Aunque con el tiempo cambió de parecer y se puso a estudiar música con más seriedad.)

¿Y cómo sustraerse a este efecto ideológico? Pues mediante técnicas educativas, como cuando se aprende a leer y escribir. De esa manera, puede uno familiarizarse con los fenómenos que trae aparejados emprender uno mismo las cosas, que muchas veces llegan a inhibir hasta a los más entusiastas, confrontados con un mundo aparentemente impredecible.

Esto es lo indicado técnicamente: no hay mayor misterio en ello, pero el factor ideológico persiste, sólo que desplazado -y más ahora, con el inesperado auge oficial del populismo-, por lo que comportarse ya no como receptores pasivos, atenidos a lo que haya o se nos dé, sino de hacerlo como EMPRENDEDORES, chocará a más de un atolondrado, que contará con la excusa perfecta para sabotear cualquier intento individual por salir del ancestral tercermundismo en que permanecemos estancados, equiparándonos a los explotadores tradicionales: ¡al fin que ya cuenta hasta con un lenguaje oficial, dictado desde el trono, para hacerlo!

Por eso, el primer emprendimiento a escala social tendría que ser precisamente desarrollar una PEDAGOGÍA DEL EMPRENDIMIENTO, esto es, convencer a las personas de que se decidan a emprender aquello que siempre han soñado, sin cuidarse demasiado del beneplácito o no de los desalentadores profesionales, y comenzando además por sí mismos, con la ventaja, en este caso, de tener ya alguna experiencia de lo que se es, se desea y se puede hacer.

Fue mi caso, entre otros, con el Piano, del que tras 14 años de no alcanzar mis objetivos por la vía de la enseñanza tradicional, me decidí a emprender mi propia búsqueda EN CONTRA de lo que supuestamente funcionaba y, para mi sorpresa, comencé a obtener los resultados apetecidos. Una gran satisfacción pero, sobre todo la constatación de primera mano de que el decidirse a emprender algo uno mismo, eventualmente da sus frutos.

¡Así que anímense y emprendan algo que siempre hayan querido hacer, ES MÁS QUE PROBABLE QUE LO CONSIGAN!


Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad    Investigadora de lo Extraño, músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

Imagen: pt.slideshare.net