- La Historia Jamás Contada -
Recuerdo que hace 50 años aproximadamente supe, de manera
formal, lo que era el FASCISMO. (Digo formal, porque de hecho era un componente
de la vida cotidiana nacional en aquella época, la del diazordacismo, sin que el
odiado Presidente hubiera sido, ni con mucho, su instaurador, aunque sin duda
desempeñó su parte desde los diferentes cargos públicos que ocupó.)
La formalidad correspondía a su inclusión en el temario de
la asignatura de Historia Universal Contemporánea que cursábamos durante el
Tercer Año de Secundaria, donde aprendíamos de los Tres Grandes: Mussolini,
Hitler y Franco -il Duce, der Führer y
el Caudillo-, aunque sin dificultad hubiera podido incluirse a otros tantos,
pasados y presentes, comenzando por Stalin.
El caso de Benito Mussolini en Italia es paradigmático no
sólo por tratarse del Fascismo original, referencia tanto práctica para sus
admiradores-seguidores como teórica para los estudiosos, sino porque
proporciona un modelo puntual de la interacción entre Caudillo y masa a nivel
psicosocial, aspecto de ordinario descuidado en los estudios históricos
convencionales pero que, en determinadas circunstancias, proporciona la clave
para entender y situar algunos hechos aparentemente insólitos.
Me refiero al fuerte componente RELIGIOSO, emotivo más que racional,
que no sólo cohesiona sino que llega a galvanizar las acciones de las masas al
punto de hacerlas refractarias a cualquier crítica, incluso desde su interior, por
fundada que sea, inhibiendo así cualquier intento de análisis y discusión en
cuanto a sus verdaderas motivaciones, perspectivas y posibles resultados.
Este salto cuántico de la Política a la Religión, por el que
una ciudadanía aceptablemente responsable es transmutada en una horda de creyentes
fanáticos, por su misma naturaleza (inter)subjetiva no es susceptible de ser adecuadamente
monitoreado y menos aún manejado con los instrumentos objetivos de las
instituciones propiamente políticas, debiendo éstos ser sustituidos o, cuando menos,
enriquecidos –enhanced- con otros provenientes de la Psicología o, mejor aún,
de la Psicoterapia, que en este caso sería colectiva.
Es el paso conceptual que falta por desarrollar dentro del
enfoque culturalista del Fascismo como religión, por otro lado bastante
minucioso en cuanto a las obvias semejanzas que existen entre ésta y cierto
tipo de Política ahora nuevamente de moda.
De modo que si hemos de obtener algún provecho del estudio
de la Historia Contemporánea en el sentido clásico del término, tendremos que aprender
a leer entre las líneas de los hechos sociales objetivos que van conformando la
Historia, los factores subjetivos que llevan a tantos individuos de las
modernas sociedades democráticas a afiliarse, no siempre con plena conciencia,
a proyectos cuyo objetivo es claramente acabar con los avances históricos en
materia de convivencia civilizada.
Por eso, y como conclusión, conviene tener presente en este
preciso momento y tal vez más que nunca en los últimos 100 años, que LOS
PUEBLOS QUE DESCONOCEN –en este caso, a profundidad- LA HISTORIA, PUEDEN
FÁCILMENTE SER LLEVADOS A REPETIRLA.
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