- La Historia Jamás Contada -
Como era de esperarse en un país de simulaciones, donde con cierta
periodicidad algunos funcionarios o representantes progresistas plantean tímidas
y muy puntuales actualizaciones respecto a la injerencia oficial en la vida cotidiana
de los habitantes, la ya tan necesaria mayor libertad para vestir dentro de
las Escuelas de Educación Básica, puso nuevamente al descubierto los estrechos
límites en que seguimos moviéndonos.
Pues en abierta contradicción con las repetidas afirmaciones
sobre la libertad de que gozamos con que recurrentemente se adornan el aparato
de Estado y sus epígonos, tenemos que cualquier liberalización, por modesta que sea, en este aspecto,
viene seguida casi de inmediato por la sonrojada rectificación del declarante,
explicando que no quiso decir lo que dijo, sino otra cosa mucho más moderada y,
sobre todo, “correcta” -¿para quién?, me pregunto-.
¿Será que todos ellos padecen de alguna curiosa forma de
esquizofrenia? ¿O tal vez sólo un TOC (trastorno obsesivo-compulsivo) que los lleve
a desdecirse de lo que acaban de expresar? ¿Habremos entrado en el terreno de
la Psicopatología, como en el conmovedor DIARIO DE UN LOCO (“link”) de Nikolai Vasilievich Gogol
(1809-1852) acerca de un funcionario y su progreso hacia la enajenación mental?
Salvo algunas excepciones que francamente lo ponen a uno a pensar,
no creo que éste sea el caso, sino algo que resulta más siniestro aún por afectar
a la sociedad en su conjunto a pesar de sí misma y su trabajosa evolución hacia
mejores formas de convivencia.
Ya en artículos anteriores, abordando la diversidad sexual y
cultural en general, he señalado el papel retrógrado que juega la inmensa
mayoría de los encargados de tomar las decisiones públicas al retrasar
indefinidamente o incluso sabotear cuanta iniciativa trastoque el statu quo
MORAL tradicional, impuesto por la sucesivas élites dominantes, especialmente
las religiosas.
Como sucede ahora con la disposición del UNIFORME NEUTRO
que, en su versión abierta, no acotada a posteriori, desató la santa ira de las
paternales organizaciones controladas por la(s) Iglesia(s), siempre prestas a
impedir que los individuos tomen sus propias decisiones en lo concerniente a su
propia vida, en este caso su manera de vestir de acuerdo a sus preferencias
personales de todo tipo. (Recuerdo a un compañero mío de la Escuela Normal
suscitar la escandalizada reacción de una maestra –reaccionaria, por supuesto- por
el solo hecho de llevar un pantalón confeccionado en base a dos colores
alternados, como estaba de moda en esos primeros años ’70.)
Si tan neuróticas reacciones de organizaciones decididamente
sectarias no tuvieran mayor alcance que su propio entorno (anti)”natural”,
serían tan sólo parte de una sana multiculturalidad. Pero estamos aquí frente a
una actitud TOTALITARIA, cuyo objetivo es imponer sus particulares normas morales
nada menos que a todos los miembros de la sociedad.
Y en un Régimen que no ve mal la intromisión de la Moral en
cuestiones que debían ser estrictamente personales –recuérdese su aún no consumado
-o “consultado”, que es lo mismo- proyecto de la “Constitución Moral”-, esto es
ya para ponernos en alerta, no vaya a ser que se oficialice el vestir decente y
recatadamente según lo conciba una Autoridad Moral cualquiera, preferentemente
religiosa. Así que:
¡Cuidado con una RESTAURACIÓN MORAL que después de todo no resultaría
tan sorpresiva tras estos 5 + 6 ½ meses de “nuevo” (¿?) ESTILO DE GOBERNAR!

